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  • Rodolfo Terragno

El coronavirus reivindica a la política

Nadie gana votos encerrando a la gente. Nadie gana votos paralizando la economía. Nadie gana votos provocando desempleo. Los gobernantes que corren esos riesgos reivindican la política. Por lo general se supone (no sólo en la Argentina) que lejos de procurar el bien común, los políticos sólo persiguen sus propios intereses.


Ilustración A. Garat

En muchos casos, es así.

Sin embargo, ante la aparición del SARS-CoV-2 –este inesperado y fatal virus—los gobernantes de casi todo el mundo optaron por preservar la salud ciudadana, a riesgo de perder poder, popularidad y futuro. Lo hicieron, sobre todo, aquellos que adoptaron una cuarentena lisa y llana.

Se puede discutir la eficacia y la duración de los aislamientos. Lo indiscutible es que los gobernantes que los impusieron tuvieron un propósito solidario: contener la proliferación del virus y evitar tantas muertes como fuera posible.

La imprevista aparición del mortífero virus causó un miedo casi unánime. La gente aceptó al principio el aislamiento, y hasta sintió que los gobiernos la protegían. Pero ningún político podía engañarse: el agradecimiento iba a durar poco. Llegaría un momento en el cual la gente ya no soportara el encierro… y la economía empezara a derrumbarse.

Son ciento nueve (109) los países donde hubo cuarentena. En el hemisferio norte –donde se aproxima el verano, enemigo del coronavirus— la gente ya puede salir de la casa, pero sigue atada por diversas regulaciones. Con un curioso eufemismo, se celebra el advenimiento de una “nueva normalidad”.

Los gobernantes dieron esa batalla que, sabían, no podían ganar. Aun si tenían, como tuvieron, éxito en la salvación de vida.

Cuando el presidente Emmanuel Macron sancionó la cuarentena en Francia, logró 87% de aprobación. Ahora tiene 31. Los franceses no saben cuántos de los suyos habrían muerto sin cuarentena, pero saben que Francia (como Bélgica, España e Italia) está entre los diez países con cuarentena que tienen más muertes por millón de habitantes. Por otra parte, el producto bruto de cayó 5.8 % en tres meses, el país está en recesión y hay 19 millones de desempleados.

Francia fue uno de los países más vulnerables al coronavirus. Es difícil medir los daños que habría hecho, en la sociedad y la economía, un tsunami de muertes. Ningún país dejó de ordenar la cuarentena y no paralizar su economía por otros medios. En Corea, el presidente Moon Jae-in, no forzó la cuarentena sino que la aconsejó.

Pero igual paralizó a gran parte del país. Cerró las fronteras, ordenó testeos masivos obligatorios, suspendió las clases, prohibió las aglomeraciones, decidió que ciertos comercios siguieran abiertos e hizo crear un sistema para controlar por GPS a cada infectado.

El país sufrió sólo 5 muertos por millón (al 31 de mayo, como todos los índices de aquí en adelante) y eso la alentó a liberar, el 6 de mayo, la mayor parte de las actividades prohibidas. Pero días después hubo un rebrote y Moon Jae-in volvió a cerrar las escuelas, además de restablecer limitaciones.

El primer ministro sueco y el parlamento establecieron restricciones similares a las de Corea y, del mismo modo, aconsejaron la cuarentena pero no la hicieron obligatoria. Es el sexto país del mundo con más muertos por el COVID-19: 419 por millón de habitantes. Canadá, que impuso una estricta cuarentena, tiene 188.

Donald Trump en los Estados Unidos, y Boris Johnson en el Reino Unido, creyeron encontrar la panacea: un procedimiento para controlar la pandemia sin cuarentena y con débiles restricciones.

La idea que la economía no parase. Trump y Johnson se basaban en la “inmunidad del rebaño”, una teoría según la cual encerrar a la gente es lo peor. Como de cada 100 infectados sólo mueren 3, la teoría sostiene que, si la mayor parte de los 97 restantes se contagiara (quedando así inmunizada) el país se llenaría de inmunizados y al coronavirus le resultaría muy difícil encontrar a quienes infectar.

Cuando las muertes se hicieron imparables, Trump y Johnson recurrieron (tarde) a la cuarentena. El Reino Unido es el segundo país entre los diez con mayor cantidad muertos por millón de habitante. Los Estados Unidos están sextos, y tiene la mayor recesión de los últimos 91 años.

En Sudamérica, hay un país vulnerable: Brasil, el sexto país más poblado del mundo. Cuanto más gente más contagios y mayor proporción de muertos. Sin embargo, de los cinco países más poblados, sólo los Estados Unidos tienen un porcentaje de muertes por coronavirus superior al de Brasil, y los otros casos están bien abajo.

El presidente Jair Bolsonaro dijo que “quedarse en casa es pasar hambre en familia” y está acumulando muertes a más de 1.000 por día.

En Uruguay, el presidente Luis Lacalle Pou no ordenó una cuarentena pero cerró escuelas y universidades, al igual que museos, cines, teatro, casinos, hipódromos y estadios.

Prohibió además las misas y limitó el número de asistentes a los velorios . Por último, cerró las frontera. Logró un meritorio porcentaje de muertes: 7 por millón de habitantes. La mitad que la Argentina, pero más que Paraguay, donde el gobierno de Mario Abdo Benítez y Hugo Velázquez Moreno consiguió que su país, con cuarentena y sólo 2 muertos por millón de habitantes, se convirtiera en el país de América Latina más exitoso la lucha contra la COVID-19.

Casi todo los gobernantes han apostado fuerte. Ahora, enfrentan el desafío mayor: componer las maltrechas economías, para lo cual necesitan un poder que la pandemia les ha reducido.

Algunos se quedarán sin poder alguno.

Los otros tendrán una sola ventaja: siempre que las crisis provocan desesperación, la gente siente alivio cuando se empieza a salir y, al menos por un tiempo, la alientan los progresos, aunque sean mínimos.

Rodolfo Terragno es abogado, político, historiador y periodista. Fue embajador argentino ante la UNESCO.

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